Archivos diarios: 22 marzo, 2018

Un día, sin otro que le pueda secundar

Era tarde, demasiado tarde para ver más allá de la luz de la mañana.

Lo sabía, pero ya no me importaba más que la certeza de que durando lo que durase mi nimia existencia, había vivido como debían hacerlo los que estamos vivos.

Con tristeza, pudieron resonar en mi mente, ecos de seres amados a los que echaría en falta, pero eso eran tiempos, personas y espacios que mi mente no reconocería tras el paso a la nueva existencia.

Aun así, luchaba por retenerles en el pensamiento, como si ello me valiese de escudo ante un peligro que desconocía. Pero ni en la muerte el miedo me atenazaría, el valor del que siempre quise hacer gala lo llevaba impreso en el espíritu…

Por eso estaba ahí, por eso se me iba escapando la vida, por esa herida que a traición se le infringió a la madre tierra.

Pero al menos estaba salvo del peor de los castigos. De la peor de las muertes, la del espíritu. 

Ya todas esas cosas valiosas habían dejado de existir para los hombres.

El alma era un algo en lo que algunos creían, una excusa de algunos para someter, o un miedo a tener y perder. No sabían ni querían creer más allá de lo que ella significaba. 

Antaño el ser humano creía que la tierra era plana. Que hallen del horizonte, existía un enorme precipicio que les lanzaba al vacío, siendo condenados a una caída eterna.

¿Acaso no sufrían esa caída eterna? Y eso que la tierra no es plana, pero el alma si puede estar condenada a ser plana. Tan lineal, horizontal, circular y de la forma que se le quiera dar. Como el vacío al que tanto temen algunos.

Cada uno posee un vacío, con nombre propio la mayoría le acabamos llamando con nombre ajeno. Cuando nos queremos dar cuenta, es el nuestro. 

A través de otras sonrisas, palabras sinceras e insinceras, llantos, silencios, dolor y gozos, tropiezos y aciertos, andar y caer, pararse o correr, los gritos… en todo hube sido y me he nutrido, al menos las tuve, y sinceras. A otros les rodeó la plasticidad, lo artificial, lo informe y deforme, así germinó en ellos esa nada, esa planicie, ese desierto del que nunca se puede uno escapar.

Una vez perdidos ciertos valores jamás puedes dar marcha atrás, jamás te son devueltos. Son los honores de nacimiento, esa pureza que desconocemos hasta que la perdemos.

Todo lo que se desconoce no existe ¡qué gran mentira y estupidez! El hombre fue el 1º en creerla y el 1º en perder. Así nos fue.

Todo debía ser probado, comprobado y cerciorado, la ciencia por conciencia, y el ideal todo lo rentable.

El hombre murió sin dejar sombra de lo que por ellos fue honrado, si es que hubo honra en lo que en abundancia fue legado. Valores fueron los del hombre primero, luego fue incrustándose la deformación hasta hacerse cáncer, la misma existencia de la civilización, en la tierra. Su hueso roído daba sustento a la obra informe del ser nuevo, esos huesos que olían al más fétido de los alientos. Algunos les sacan brillo, tal que si fueran las más preciadas joyas; y sí que lo son, nada más que esa podredumbre poseían de valor. 

Tal vez no me apenaba mucho más allá de eso ¡y tanto que es! Es la sensación de impotencia que me dejaba el no haber caído tras haberlo salvado o visto o dejado esperanza de hacerlo. 

El mundo… ¿acaso no fue antes? Ahí seguirá, y tras siglos y siglos ni rastro de nosotros quedará. Nos sentimos pequeños dioses muy importantes y seguros de nuestro dominio,   y de que el mundo tras nosotros dejaría de ser o sería imposible que continuase siendo.

Ahí caído con laxitud, en el suelo, en la tierra, entre mullida y amoldante, abrazando el contorno de mi cuerpo, tan solo alcanzo a ver el desierto. Ni un solo árbol, ni un solo arbusto, los insectos me merodean ¿quién es el ser superior ahora?

Tan solo alcanzo a esbozar la que será seguramente la última de mis sonrisas.

Paradójico el ser consciente de que el mundo queda bajo el dominio de los únicos supervinientes de la barbarie del ser humano, los reptantes, los insectos, los que creíamos tan insignificantes ¡quedaron como los reyes! Y yo parte de uno de sus menús… 

Ahí queda el dios endiosado por sí mismo, ese ser carente de todo y repleto de nadas.

Las olas arrastran los restos de lo que queda de la civilización, junto a esos restos el que fue mi cuerpo ¿y qué más da? Si los que en mi despertaron sonrisas estaban o en lo profundo o flotando en el agua de este mar que sació su venganza tras las salvajadas humanas…

Por encima de él, nada quedó.

Al menos formé parte del plancton marino y no fui a parar a ser parte de los insectos de la tierra.

La vida volvería, puede que ya hubiera empezado. Pero todo lo que fue hermoso desapareció.

Las rocas fueron rumiadas por las olas que cada vez se hicieron más majestuosas.

Los dioses volvieron a recobrar el reino primigenio.

Y un día, uno de sus bendecidos bajó, y su historia se renombró.

Volveremos sin memoria, esperemos no caer en el mismo gran error.

Restos encontraron, ruinas, signos, runas, y historias de dioses que volverán a ser negados. Tal vez nos volvamos a alejar de la mano de la vida, y abracemos el alquitrán que asfixia la madre tierra, pero algunos, esperemos que algunos, recuerden donde se halla la raíz, y donde la quema del árbol, dónde el don de la vida y dónde el camino antojadizamente dorado del Hades. 

A ti retorno, de ti vine, a ti te esperé y soñé, y voy con la cabeza alta, pues jamás a mis raíces envenené.

A. Montosa

La obesidad mata cada año tantas personas como el hambre

La malnutrición amenaza el mundo

Anualmente más de 2,6 millones de personas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), mueren debido a esta epidemia

En un mundo de paradojas como este, mientras el hambre domina de un lado, su peor antítesis gana terreno del otro. Y de ambos flagelos nace una preocupante conclusión: la humanidad se enfrenta a una situación nutricional grave.

«Unos 2 000 millones de personas carecen de micronutrientes clave como el hierro y la vitamina A; 52 millones de niños padecen emaciación (pérdida involuntaria de más del 10 % del peso corporal)… El 88% de los países soportan la pesada carga de dos o tres formas de malnutrición (retraso del crecimiento en la infancia, anemia en las mujeres en edad reproductiva o sobrepeso en las mujeres adultas), y los progresos respecto a las metas mundiales de nutrición evolucionan con lentitud», señala el Informe de la Nutrición Mundial del 2017.

Si los datos no fuesen del todo claros, basta saber que en el planeta una de cada tres personas está malnutrida.

La obesidad mata cada año tantas personas como el hambre. Anualmente más de 2,6 millones de personas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), mueren debido a esta epidemia; definida como el exceso de grasa corporal debido a un desequilibrio energético ocasionado por una alta ingesta de energía superpuesta a un bajo gasto.

Laura Melo, representante del Programa Mundial de Alimentos en Cuba, PMA –agencia que celebra sus 55 años de cooperación con nuestro país–, dijo a Granma que, según el Informe, Cuba se ubica entre las naciones con mayor cobertura e intervenciones para fortalecer la nutrición materna e infantil. «Es conocido, no obstante, que la anemia por deficiencia de hierro, el sobrepeso y la obesidad son preocupaciones y prioridades en la agenda del Estado.

«Este tema tiene mucho que ver con hábitos alimentarios, por eso la importancia de la educación nutricional, qué tipos de elementos consumimos, no se trata solo de acceso a los alimentos, sino de diversificar nuestra dieta».

¿Qué prefieren comer las personas? Una simple mirada despeja las dudas del peligro que representan los alimentos ultraprocesados como motor de la epidemia mundial de obesidad. Indicadores suficientes de ello encontramos en Cuba, si tenemos en cuenta que, de acuerdo con los resultados de la III Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, realizada en el año 2010, más del 40,4 % de la población cubana de 15 años y más no realiza actividad física suficiente, y la obesidad en su forma global, que incluye sobrepeso, representa un 43,8 %, con los hábitos no saludables de alimentación entre sus condicionantes.

Azúcares en la dieta: malas compañías

«El consumo elevado de azúcares se asocia con diversas patologías como el sobrepeso, la obesidad, las alteraciones hepáticas, los desórdenes del comportamiento, la diabetes, hiperlipidemia, la enfermedad cardiovascular, varios tipos de cáncer y caries dental, entre otras enfermedades», alerta por su parte el Boletín Bibliográfico de la Biblioteca Nacional de Salud, en su número 10, volumen 24 de octubre del 2017.

La OMS afirma que la ingesta de azúcares libres, entre ellos los contenidos en productos como las bebidas azucaradas, constituye actualmente uno de los principales factores que está dando lugar a un incremento de la obesidad y la diabetes en el mundo, sostiene el texto.

En ese sentido, vale aclarar que las fuentes principales de azúcares adicionados –aquellos que los fabricantes añaden a los alimentos o bebidas durante su procesamiento o preparación–, incluyen refrescos, gaseosas, pasteles, galletas, jugos de fruta azucarados, postres lácteos y chocolates, entre otros productos.

«La OMS recomienda a adultos y niños reducir el consumo de azúcares libres a menos del 10 % de la ingesta calórica total, si bien para obtener mayores beneficios se recomienda idealmente reducir su consumo a menos del 5 % de la ingesta calórica total, lo que proporcionaría beneficios adicionales para la salud», agrega el boletín.

De igual modo, subraya, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) exhorta a adoptar medidas como la restricción a la comercialización de productos alimentarios y bebidas ultraprocesados a los niños, el incremento de los costos de estos alimentos mediante impuestos, el aumento de la producción y accesibilidad de alimentos frescos saludables, así como la formulación de nuevas directrices para los programas alimentarios escolares y prescolares.

«Dentro de los hábitos y actitudes dietéticas del cubano se señala el excesivo consumo de alimentos, donde se encuentran como integrantes azúcares refinos, en muchas ocasiones en combinación con las grasas», apunta el texto.

Según estudios realizados en nuestro país, entre los factores de riesgo más importantes para la presencia de diabetes están el sedentarismo y la obesidad, han referido con anterioridad expertos a nuestra columna Todo Salud. La III Encuesta Nacional de Factores de Riesgo del 2010 determinó que en el país existía una prevalencia de 6,1 % de diabéticos conocidos, mientras que según la dispensarización del año 2015 padece diabetes un 5,7 % de la población, lo cual indica que aún hay un subregistro de la enfermedad y existe un grupo de personas que no sabe que son diabéticos.

Asimismo, las estadísticas sanitarias oficiales indican que más de un 25 % de la población mayor de 14 años es hipertensa conocida, y se aprecia que después de los 50 años casi el 50 % puede padecerla.

El factor común de todas estas enfermedades: la dieta. Ocuparse de prevenir desde las edades más tempranas, incentivar los estilos de vida saludables y la práctica del ejercicio físico, así como políticas públicas que hagan viables estos elementos, es la manera más efectiva de hacer frente a esta epidemia creciente.

Lisandra Fariñas Acosta
Granma