Separatismo y violencia

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Hablando claro

He vivido la transición, el confuso golpe de Estado del 23-F, gobiernos socialistas, peperos, del “tripartito” en Cataluña, y siempre he visto a la policía antidisturbios de nuestra era democrática actuar de la misma manera. Cuando alguien ocupa un espacio y se obstina en no desalojarlo, la policía procede en consecuencia con las órdenes recibidas de sus mandos. He participado, cuando así lo he estimado, en “saltos” con la policía, me he negado a disolver concentraciones y enfrentado a la policía, como consecuencia de ello, he recibido algún que otro porrazo de las FOP, me han retenido y me han tomado datos… a mi me ha parecido siempre normal, sabía lo que hacia, porque lo hacia, y a lo que me exponía. Nunca lloriqueé, ni me consideré víctima… tampoco aplaudí nunca a policía alguna por temas políticos. Ellos hacen su trabajo, yo expreso mi voluntad de lucha.

Quienes el 1 de octubre ocuparon espacios públicos para impedir que la policía requisara urnas ilegales –si señores, ilegales, porque hay “elecciones” que pueden serlo- sabían a lo que se exponían; quienes permitieron que niños y ancianos estuvieran en esos espacios, lo hicieron a sabiendas de lo que podía ocurrir, es más, sabían que iban como escudos humanos, convencidos de que su actitud serviría para frenar la acción policial. Sabido es que algunos fueron formados para ello en talleres “indepes”; y quien actúa voluntariamente como escudo humano sabe perfectamente a que se expone. Quizás alguno debía pensar que las porras están hechas de algodón, que son juguetes que hacen cosquillas y que desobedecer la ley al antojo de cada uno, provoca carcajadas.

Jugar a héroes esta muy bien, pero aquí, los únicos que sabían a que se estaba jugando de verdad eran (son) los “cupaires”. Efectivamente, ellos tienen la lección muy bien aprendida, la aprendieron de los batasunos, de las gestoras pro amnistía, de los cachorros borrokas; practicaron durante años la kale borroka (sirva como ejemplo Can Vies, o las movilizaciones violentas del Barrio de Gracia, en Barcelona), el “señalar al enemigo”, a hostigarlo, y si se terciaba, a agredirlo –por ejemplo, a los integrantes de una carpa pro selección nacional de fútbol en Barcelona-. Así es, los Comités de Defensa del Referéndum (CDR), después de la República (controlados por la CUP), actúan igual que el extinto frente unitario Moviment de Defensa de la Terra y sus organizaciones satélites, ¿ya nos hemos olvidado de su apoyo a encapuchados quema-banderas y contenedores; a los tiros en la rodilla; a los terroristas de Terra Lliure y su justificación de la violencia etarra?

El 1 de octubre no hubo ninguna violencia de un “Estado fascista” contra unos pacíficos votantes independentistas, tal y como nos cuentan, hubo una resolución del Tribunal Constitucional que no fue cumplida por los políticos separatistas, ni por los Mossos d’Esquadra de forma deliberada; y hubo desobediencia y resistencia por parte de individuos que se creían (creen) portadores de una verdad mística, que no sólo no acataron las indicaciones de las FSE sino que se enfrentaron a ellas en muchos casos. Hubo, sí, y es justo reconocerlo, una absoluta miopía por parte de quien dio la orden de “intervenir” para desalojar a estos “combatientes de la Cataluña republicana”. En efecto, consiguieron lo que buscaban: aparecer como víctimas ante Europa.

No existe revolución de las sonrisas, existe un paripé; existen separatistas que van de la mano de los más radicales y violentos. Hace ya muchos años coincidí en un centro educativo con la ex “consellera” Meritxell Borràs; nuestra relación era cordial y nuestros debates eran respetuosos. Por aquel entonces Borràs era militante de las juventudes de CDC, la Joventut Nacionalista de Catalunya; ella no ha variado su discurso, siempre fue independentista, y es que las JNC fueron una magnífica escuela de separatistas. Así es, durante años el pujolismo creó las estructuras necesarias para caminar hacia la independencia de Cataluña, formó una “sociedad civil independentista” creando un tejido social a base de subvenciones y enchufismos laborales; actuó políticamente en la educación y en la cultura, adoctrinando a una generación tras otra esperando que su proyecto fuera lo suficientemente maduro. Mientras, iba pactando con el PSOE y con el PP exigencias cada vez más descentralizadoras a cambio de ceder los votos necesarios para la gobernabilidad partidista del gobierno de turno de la nación. Pero el pujolismo cometió un error: se embarró en la corrupción. El 3% era demasiado goloso para despreciarlo; CDC estaba demasiado pringada del fango apestoso de las comisiones… había que adelantar el proceso independentista aunque no estuviera maduro del todo, se tenían que tapar las vergüenzas envueltos en “la senyera”: el autonomismo pujolista abrazaba públicamente el separatismo, se unía a ERC y a la CUP. Cataluña se dividía y quedaba enfrentaba. El show había empezado.

Nadie puede negar que el apoyo de 2 millones de catalanes a la independencia esta ahí, como tampoco nadie puede negar que hay una mayoría de catalanes que no quieren la independencia. Es claro, también, que las instituciones y los medios de comunicación públicos están en manos separatistas, y que una buena parte de los privados están muy bien untados a base de subvenciones; todo ello da una imagen irreal de Cataluña. Es cierto que se pretende imponer por parte de los separatistas “su política” al resto de catalanes pasando el rodillo por encima de todos. Y es verdad, que el gobierno español es incapaz de analizar de forma correcta el llamado “problema catalán”, y actuar en consecuencia. No es menos cierto, que el independentismo se encuentra dividido entre quienes piden moderación y acatar las leyes del Estado, y aquellos que se empeñan en seguir avanzando hacia la insurrección. En efecto, nunca antes el separatismo radical tuvo tanto apoyo como ahora. Catalunya Lliure, MDT y otras plataformas unitarias, eran movimientos residuales, enfrentados entre sí y despreciados por los burguesitos de ERC y de CDC. Pero, esos burguesitos les han dado alas, estructuras, respetabilidad y dinero…

Los CDR no están dispuestos a tirar la toalla. El abrazo de Artur Mas con la CUP tenía un precio mayor que la propia cabeza de Mas: “o camináis con nosotros hasta el final o seréis considerados unos traidores a Cataluña”, ese era el mensaje de los cupaires a los burguesitos neoseparatas.

Trapero y con él, los mandos de los Mossos, sabían que los cupaires eran un problema, que su piel de cordero era una pose, sabían como los Mossos habían sido tratados -violentamente- en Can Vies, como eran insultados, difamados y agredidos por separatistas radicales. Ahora tienen un problema que han consentido y alimentado. Todos los que nos manifestamos contra ellos estamos señalados, en muchos casos fotografiados y difundidas nuestras caras gracias a radicales “fotoperiodistas” que, además, hacen negocio con ello. Sólo una actitud firme, contundente, impopular, si se quiere, puede frenar la violencia de los CDR y quienes los nutren, aunque esta violencia haga resurgir actos aún más violentos que nos puedan recordar a Terra Lliure.

El independentismo moderado no quiere que sus propósitos se vean mezclados con actos de violencia, quieren dar una imagen pacifica, no violenta, porque de lo contrario su imagen interior, pero sobretodo, la exterior quedaría tocada de muerte; pero se han equivocado de socios, el separatismo radical, los cupaires, no puede dejar escapar esta ocasión que les han brindado de rodillas y casi llorando; si antes se “conformaban” con pegar carteles amenazantes contra el abogado Gómez Rovira o contra el independentista Àngel Colom -disfrazado de Guardia Civil- con el lema de traidor, hoy quieren llenar Cataluña de rabia y controlar las calles. La Kale Borroka está en nuestras calles, dad las gracias a la familia Pujol y a CDC y a los gobiernos españoles que cedieron uno a uno a todos sus chantajes.

J. A. Llopart

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One comment

  1. Toda la razón, Llopart. El cáncer separatista creció durante años y no se extirpó. Hoy está extendido y es más difícil de vencer, pero venceremos al separatismo. Un saludo.

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