Archivos diarios: 10 abril, 2018

La semilla única (los nuevos transgénicos)

En el artículo El monopolio del tomate publicado en la revista Soberanía Alimentaria, Juan José Soriano explica cómo una sola empresa multinacional, Heinz , suministra anualmente más de 6.000 millones de semillas de tomates por todo el mundo; lo que supone que el 34% de todos los tomates que se procesan proceden de semillas de una única multinacional . Todas son “híbridas”, es decir, han sido transformadas para reforzar algunas características pero provocando también que sus descendientes no se comporten en el campo como ellas. Entonces, para conseguir buenas producciones, los agricultores y las agricultoras ya no pueden extraer semillas de la cosecha y volver a usarlas como siempre han venido haciendo sino que deben volver a comprar las semillas año tras año. Además, como estas semillas consiguen ser patentadas a nombre de la empresa ‘mejoradora’ si alguien las guarda y multiplica puede ser multado o encarcelado, como sucede con cierta frecuencia.
Después de las semillas híbridas llegó la ola transgénica , con una diferencia. En el laboratorio, la modificación genética incluye la introducción de genes de otro organismo . Aunque se habla mucho de ellos su implantación ha quedado reducida a cultivos pensados solo en dar muchísimos beneficios a empresas que ‘no’ dan de comer a personas; como el maíz, colza y soja dedicados a piensos para la ganadería industrial y/o agrocombustibles para automóviles y camiones.

Modificación genética
Son muchas las técnicas de laboratorio para modificar el material genético original de las semillas , como la mutagénesis o la fusión protoplástica, pero desde hace unos cinco años una nueva técnica está permitiendo un desarrollo muy rápido. La técnica CRISPR permite, como si habláramos de un editor de texto, suprimir pedazos de gen o cortar y pegar pedacitos del gen en otros lugares esperando obtener con ello nuevas características. Tanto se puede hacer solo con el material genético propio que se quiere modificar como combinando con otros organismos dando lugar entonces a un transgénico.

Es justamente en este punto donde se se está generando un gran debate del que la sociedad en general parecemos excluidos. Aunque no introduzcan nuevos genes, ¿el hecho de ser modificaciones genéticas debe obligar a regulaciones fuertes para garantizar el principio de precaución como se hace con los transgénicos? O por el contrario, como piden las multinacionales, ¿que lleguen a los campos y a las mesas sin más garantías?

Mientras, son muchísimos los grupos científicos que están publicando nuevos éxitos tanto en semillas vegetales como en genética animal para conseguir, por ejemplo, cerdos con menor cúmulo de grasas , vacas que solo paren machos para beneficio de la cría de engorde o vacas resistentes a la tuberculosis . Aparentemente mágicas y magníficas invenciones. Pero siendo una técnica sencilla y barata para una gran empresa y con las leyes de patentes a su favor el debate por la legalización de estos experimentos equivale a la lucha por el anillo mágico de Frodo y compañía: quien controle la vida controlará el mundo .

El grupo de Lippman utiliza la edición de genes con CRISPR para alterar el número y el patrón de ramificación de las flores que se convierten en fruta de tomate.

Gustavo Duch
Palabre-ando

Envejecimiento: la falsa amenaza para el sistema sanitario

¿El envejecimiento pone en peligro el sostenimiento de los sistemas sanitarios públicos? Para Unai Martín Roncero, profesor de la Universidad del País Vasco, nada más lejos de la realidad: “La principal amenaza no es otra que el esfuerzo mediático, ideológico e incluso académico que se está haciendo por convertir a la salud y su atención en una herramienta de negocio y lucro”.

España, al igual que el resto de las sociedades occidentales, está experimentando un profundo cambio en su estructura de edades, lo que se ha traducido fundamentalmente en el incremento del número de personas mayores. Actualmente, las personas de 65 y más años representan algo más del 20% de la población, y este porcentaje se doblará en las próximas cuatro décadas.

Este proceso de envejecimiento demográfico es fruto de uno de los mayores logros sociales de nuestro tiempo: la reducción generalizada de la mortalidad que permite que la mayor parte de las personas lleguen a cumplir 65 o más años.

Sin embargo, desde determinados discursos políticos y mediáticos se ha llegado a presentar este éxito social como un lastre o la principal amenaza para el futuro de nuestras sociedades.

En algunas ocasiones estas predicciones alarmistas esconden un claro interés, ya que están fomentadas y financiadas desde determinados grupos financieros, empresariales e incluso ideológicos. En otras, sin embargo, son fruto del desconocimiento o de una mala interpretación de los fenómenos demográficos y sociales.

Uno de los principales argumentos de estos discursos surge de la idea de que el aumento de la población mayor de 65 años implica un aumento drástico de la carga de enfermedad, la discapacidad y, por tanto, una enorme presión asistencial sobre los sistemas sanitarios que serán, por tanto, insostenibles, tal y como los conocemos en la actualidad. Algunas de estas voces proponen como solución a este importante reto la privatización progresiva de los sistemas sanitarios.

No obstante, se ha mostrado que el impacto que el envejecimiento tiene sobre el aumento del gasto sanitario no es tan elevado y no es, en ningún caso, el principal responsable de su crecimiento, que hay que buscar en otros procesos sociales y sobre todo, económicos, que afectan a la asistencia sanitaria actual.

Efectivamente, interpretar el aumento de las personas mayores como un incremento de las personas enfermas es una interpretación simplista y equivocada. Una persona de 65 años en 2018 poco tiene que ver con aquella de 65 años de principios de siglo tanto en términos sociales como de salud. Tal persona de 65 años en la actualidad tiene mayor similitud en términos de salud a una persona quizá de 60 años de aquella época. Contamos ya con cierta evidencia al respecto.

Menos años de discapacidad y mala salud

El descenso de la mortalidad de las últimas décadas parece haber venido acompañado en nuestro contexto de un descenso de los años que se viven en mala salud y un aumento de los años en buena salud.

Por ejemplo, datos para el País Vasco muestran como el número de años que una persona espera vivir con discapacidad o con mal estado de salud son menos que hace veinte años, situación que contrasta con la imagen presente en el imaginario colectivo.

Asimismo, contradice el principal argumento fuente de estas visiones alarmistas del envejecimiento como peligro para el sostenimiento del sistema sanitario.

El cambio en la estructura de edades –no solo el aumento de la población mayor– genera importantes desafíos en nuestras sociedades, algunos de los cuales están directamente relacionados con la salud y el desempeño de los servicios sanitarios.

Sin ir más lejos, el incremento de las enfermedades crónicas, fruto del cambio en el patrón epidemiológico, está obligando a nuestros sistemas sanitarios a profundas transformaciones en su gestión.

El envejecimiento per se no pone en cuestión el sostenimiento de los sistemas sanitarios públicos, ya que este depende fundamentalmente de la legitimidad social de que gocen.

La principal amenaza, por tanto, no es otra que el esfuerzo mediático, ideológico e incluso académico que se está haciendo por convertir a la salud y su atención en una herramienta de negocio y lucro. El asunto es importante, ya que la salud de las personas mayores (y tarde o temprano todos lo seremos) va en ello.

Unai Martín Roncero es doctor en Sociología y profesor de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) desde 2005.

‘El heteropatriarcado no existe, es una estupidez’

Camille Paglia: ‘El heteropatriarcado no existe, es una estupidez’, “en Ocidente, las mujeres no viven en ningún patriarcado”
Según Camille Paglia, escritora critica con el feminismo actual, afirma que éste se centra “en la retórica antimasculina” y no reconoce los logros de los hombres.

La escritora y profesora de Humanidades Camille Paglia, es políticamente incorrecta y muy conocida por ello.

Paglia desde su feminismo igualitario, asegura que el patriarcado “no existe” y que es “una estupidez”, y critica que la nueva ola feminista “se haya centrado en la retórica antimasculina” y sea “elitista” ya que “no comprende a las mujeres trabajadoras que pretende representar”.

En una entrevista, critica que el feminismo aún se sorprenda -más de un año después del voto de millones de mujeres a Trump en las elecciones presidenciales. “La idea de que las mujeres tuvieran que votar por Hillary, uno de los seres más corruptos de nuestra Historia, por el mero hecho de ser mujer, era ridícula (…) si en vez de presentar a Trump, los republicanos hubieran nominado a un candidato clásico habrían arrasado porque los demócratas han sido un desastre”, dice.

Cree que en la actualidad “hay una crisis de roles de género y un debate centrado únicamente en las necesidades de las mujeres”. “Mientras, a los hombres se los retrata como violadores, criminales y todo lo masculino se desprestigia. Hasta llegan a decir que los hombres son mujeres incompletas”, señala, antes de manifestar que es “desagradable” no reconocer los logros de los hombres: “han creado estructuras que han permitido a las mujeres escapar de la opresión de la propia naturaleza y tener sus propias carreras, identidades y logros”.

Paglia, ya condenó la imposición de la ideología de género en nuestra sociedad, a pesar de ser lesbiana y atea. “La verdad biológica es que los cambios de sexo son imposibles”, aseveró. Asimismo, explicó que, a su juicio, las grandes beneficiadas de la campaña por normalizar la transexualidad son las multinacionales farmacéuticas, que “van a contar con más personas que necesitarán medicarse durante toda su vida para evitar que la naturaleza siga su curso”.

Sus compañeras feministas la llaman Hitler, aborrece quedar bien con sus interlocutores o lectores porque si. Deja sin respuesta a quien le quiera rebatir. Así de clara es Paglia a sus 71 años, nada contra viento y marea sin importar quienes se gane como enemigos.

“Lo que es evidente es que las mujeres tienen también derecho a elegir diferentes caminos. Y a lo mejor para muchas mujeres el trabajo no es tan importante.”

“No creo que la carrera laboral sea lo más importante de la vida de una persona.”

“El problema del feminismo es que no representa a un amplísimo sector de las mujeres.”