La venganza de Bambi

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Bambi se ha hecho mayor. Pasaron ya los inocentes tiempos entre saltitos y jugueteos a través de la espesura del bosque junto a su amigo Tambor y los demás animalitos. La adolescencia de Bambi fue dura, obedeciendo a su estricto padre sin una figura maternal en quien refugiarse buscando comprensión y cariño. Ahora su cornamenta supera grandiosa a la de cualquier macho de su manada y Bambi tiene ganas de usarla. Y es que el pobre no ha olvidado que los humanos con escopetas mataron a su madre por entretenimiento. Ni olvido ni perdón… Tampoco abandona sus sueños cada noche aquel incendio que provocaron los humanos con cerillas y gasolina… Aquellos camaradas animales calcinados o ahogados por el negro humo fruto de la maldad.
Es bien cierto que Bambi aprendió a leer y se ha empapado todas las opiniones sobre los conflictos entre ganaderos e instituciones, los problemas con las subvenciones, con el lobo, con el absurdo juego de azar que se traen los sucesivos gobiernos humanos  con el pan de cada día de los hijos de un sector primario en vías de extinción para mayor gloria del progreso. Pero cuando las llamas avivadas por los malnacidos convierten la casa de Bambi y sus amigos en una pira funeraria, todo lo demás importa un carajo. Malditos hombres, piensa el imponente cérvido, que muerden una y otra vez la mano de la naturaleza que les da de comer.
Desde que Bambi le tomó prestado a un campista dominguero su aparatito celular también ha podido constatar en las sacrosantas redes sociales la existencia de una nueva estirpe de defensores del ecosistema, los animalistas y ecologistas, que gastan ingentes horas de sus artificiales existencias opinando e insultando en internet, montando follón contra los ganaderos en lugar de tender puentes de sentido común y colaboración con ellos en la resolución de sus problemas, y claro, siempre tiene que haber algún paleto con ganas de gresca que disfrute respondiendo a la llamada metiendo fuego al monte o ahorcando a un inocente lobo de lo alto de una señal de tráfico. Cuando hace años el gran incendio asoló su hogar, Bambi no vio a ninguno de esos adalides de la naturaleza, poseedores de la verdad eterna, ayudar a los bomberos forestales y a los lugareños a apagar los fuegos mortales que consumían todo lo que le rodeaba.

Tras la última Asamblea Animal Anual Bambi determinó que debía dejar de huir de los problemas de los humanos, que estos pagan con la madre tierra creyéndose dueños y señores de la creación de la gran Dios Ciervo. Influido por los lobos, que tras su caza desmesurada y la ocupación de sus hogares por el ser humano decidieron devolvérsela como mejor sabían, comiéndose a sus cabezas de ganado, el joven venado está decidido a luchar por su hogar y por los suyos sacrificando hasta la última gota de sus sangre. Hace tiempo que se recluyó en la frondosidad y la espesura, provisto de su “teléfono inteligente”, para investigar por internet cómo preparar su venganza. Nadie sabe a ciencia cierta cuándo será, cómo la llevará a cabo, si habrá inmolación explosiva o cornadas a diestro y siniestro (o a derechas e izquierdas) pero yo que tu vigilaría mis espaldas, porque en tu próxima excursión a la sierra, cuando la dejadez te venza y decidas dejar el papel albal de los bocadillos tirado en cualquier rincón del campo, puede que alguien o algo te esté observando y decida convertirte en la primera víctima de la venganza de Bambi.

César Bueno
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