Mayo del 68: Un símbolo insurgente en constante mutación

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Si se hubiese de decidir un epitafio digno para la murga del 68, y su proceso de mutación bastaría con citar aquel verso del poema XX de Neruda “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.

A la década del mayo del 68, Alain de Benoist explicaba en Nouvelle Ecole que si algo faltó en ese acto fue precisamente imaginación. En el discurrir del tiempo, vistos con nostalgia aquella sucesión de disturbios -ni fue revuelta, ni fue revolución- la mayoría de sus protagonistas fueron «niños díscolos», marionetas manejables por los poderes fácticos.

Y es que cada aniversario de la fecha en cuestión nos ha alejado más de este símbolo insurgente.

El de 1978 fue sonado. Después de tanto tiempo amansando esa cólera, se concedía la posibilidad de que cada cual manifestase sus sueños sin pagarle psicoanalista. La llama retorica revolucionaria, latía todavía, aunque solo fuese en forma de cerilla. España estaba con melancolía de los hechos sucedidos en el Barrio latino de París, los jóvenes de entonces se habían aburguesado y tenían un aspecto cansino y desolado. Todo esto a la par que desaparecían una pléyade de revistas y de grupos radicales. Buena parte del personal insurrecto, hasta entonces audaz y temerario opto por el funcionariado y vivió esta paradoja con indiferencia.

La efeméride de 1988, fue harina de otro costal. Los homenajes al mayo francés abrieron el horizonte y apareció en cartera: lo de Praga y la matanza de México, nos estábamos globalizando sin darnos cuenta. En España, el PSOE gobernaba, eran años de bonanza y ficticio bienestar económico. Faltaba un año para que cayera el muro de Berlín, y se viniera abajo el último telón de la farsa.

Cuando se festejaron los treinta años del 68, gobernaba Aznar que haciendo un triple salto mortal pasaba de José Antonio Primo de Rivera a Karl Popper. Parafraseando la Internacional: “El mundo había cambiado de base y los nada de hoy todo han de ser”.

En 2008, mayo del 68 empezaba a desenfocarse, ya era casi tildado de fenómeno superficial. La parte que más gustaba a los extremistas contestatarios de algunos textos divulgativos del mayo del 68, es que supuraban marxismo de manual, ya que tenía como denominador común la intolerancia.

Al lustro del mayo del 68, los nuevos sujetos revolucionarios, son “las minorías orpimidas”, sólo existe un discurso único que ha convertido al individuo, al hombre en algo fluido, sin identidad.

Los augures avisan de que el filón “mayo del 68” puede que se haya liquidado. Jesús Sebastián Lorente, propone una lectura sugerente: “¿Liquidar mayo del 68? y para ello reúne diferentes análisis de expertos realizados desde diversas ópticas transversales.

Ciertamente, desconocemos el desenlace final de este movimiento sesentayochocentista, aunque todos nos pondremos de acuerdo en afirmar que no todo fue negativo. Determina incluso la entrada a un “nuevo tiempo”: en Europa la postguerra termina en mayo del 68. Pero ¿qué huella ha dejado en nosotros? Analizar que derroteros a tomado la revuelta del 68 nos conduce inevitablemente al estudio de Jünger, como la culminación de una serie de arquetipos. Si atendemos a Jünger, primero fue el titan, a continuación el homo faber (el trabajador), después el humano, llamado al corazón del bosque, huyendo de la talosocracia, de los generadores de usura a los que que Erza Pound juró odio eterno. Por último el anarca, el superhombre, el que sublima la rabia ciega de los titanes y la cólera del emboscado. El anarca trasciende el mero sentimiento individual para hacer suyo un sentimiento comunitario telúrico, inmemorial. El anarca en confrontación con el violento de la tribu urbana. Ese ideal. A priori inalcanzable… nos encamina un poco más hacia la luz. Quizás, el poso que deja una vez hecha la decantación del mayo del 68 sea una estrecha senda. Es decir, cuestionar nuestro modo de actuar, dejar de ser anécdota para convertirse en categoría. Por consiguiente, proponemos la sistematización del tercerismo de estos dos últimos siglos, así como sus precedentes históricos. En base a cuatro figuras claves del pensamiento (Ortega, Jünger, Mounier y Fanon). Referentes todos ellos para buscar como volver ha hacer puntada con hilo en la historia de unos acontecimientos que en continuo fluir pueden batir el desorden establecido y redimir la realidad hacia un orden alternativo.

Kyzyl Kum

 

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