Patriotismo a la venta

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Bien parece que últimamente cuanto más exhibas la bandera nacional, o mejor sea la letra del himno español, más patriota eres, aunque tras la rojigualda se esconda el más avasallador liberalismo económico…

Reducir el patriotismo a simbología es sacarle el corazón, las entrañas y con ello la esencia real de la palabra. La Patria late en cada corazón, la representan sentimientos, lazos familiares, herencia cultural, el pueblo, la gente de a pie, la forma de ser y estar en tu tierra. Si, tenemos símbolos, símbolos que quedan desnudos de espíritu al ser usados por mercaderes, liberalistas y globalizadores. Y es que la Patria no puede venderse, ni debería ser la etiqueta de un producto, mucho menos político, no podemos comprar ese producto porque admitimos que ponemos en compra venta nuestro sentir como pueblo, en el caso de España, muy rico, complicado y que tiene tras de sí una historia enormemente rica y lo suficientemente importante en la historia del ser humano y que es muchas veces manipulada, diseñada y amputada según sea el color de la otra bandera que esconden tras la patria.

No podemos comprar como patriotismo el merchandising proselitista enarbolado por algunas siglas. Patriotismo sincero es el que abandera cada trabajador que diariamente desempeña lo mejor que puede su puesto laboral con conciencia de sustentar su pueblo, no solo porque desea ganar dinero. No podemos olvidar a la mujer/padre que se entrega a la familia a pesar de la ausencia de conciliación, ayudas y valoración de su aportación humana, familiar en el país que más envejece de toda Europa. Menos si se busca usar simbología patria para ganar unas elecciones o aumentar en votos… olvidando todo lo social que hay que reconstruir y construir.

No es cuestión de lucir colores y cantar mejor, es sentir el latido unísono de una comunidad que trabaja hombro con hombro por un mismo proyecto común social y patrio, una comunidad plena de matices, y defender el derecho de toda ella sin más interés que el sentimiento de pertenencia a una familia, a una misma comunidad popular.

El patriotismo cohesiona los miembros de la comunidad, ni los enfrenta, ni los divide, ni los ningunea, mucho menos se esconde tras el borrado de derechos laborales y un espíritu globalizador que sin duda matan el sentir y el ser de la Patria a la par que ahoga a las familias.

Y es que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, la pena es quien se queda en la superficie, quien enamorado de los colores patrios, himnos con letras bonitas,  llantos teatrales, los posibilismos y quinielas electorales, no ahonda hasta alcanzar el corazón del lobo que con avidez se ha disfrazado para ser aclamado líder del rebaño en el que, a un pueblo tan sumamente libre y luchador, se ha reducido al español muy injustamente.

Todo lo cívico pertenece al sistema, lo obedece, se amolda, y el sistema es poco amante de las patrias, las emociones y necesidades de las gentes que alberga, es un seguidismo domesticando que oculta los problemas, y con ello las soluciones, reales de esta patria.

La Patria no debe poseer siglas, el sentir de un pueblo no se retuerce ni a derecha ni a izquierda pues es el pilar que nos sustenta a todos por igual como comunidad, sin patria nos quedamos en el limbo, en lo global, en lo desenraizado expuesto a cualquier viento fuerte para caer y ser pisoteados.

Es hora de no usar la simbología como arma política, ni a derecha ni a izquierda, ni la simbología que nos une a todos como nación, ni a la que late bajo la misma como identidad específica enriquecedora de las comunidades que la conforman, porque, España es diferente y es mucho lo que hace grande a esta patria.

Nuestros problemas patrios, creados bajo los tejados de las casas políticas, no se arreglan exponiendo la rojigualda más grande, ni poniendo letra al himno adornado con lágrimas, pues fueron las lágrimas sinceras de madres y padres, el sudor y la sangre de muchos los que dieron aliento de vida a este suelo y a su historia. Ni se compra, ni se vende, ni puede adueñarse ningún mercader de la política de ellos para hacer sus campañas. ¿Y si no te voto soy menos patriota? ¿no hay patriotas a izquierda y derecha? ¿negamos el derecho de patria al pobre que será más pobre cuando reine aún más el liberalismo económico? ¿el enemigo habla en catalán o en español?

El enemigo de las patrias habla en el idioma con el que mejor comercie, el que más somete a los trabajadores, al pueblo. El enemigo no entiende de patrias, ni de sentimientos, todo le vale, incluso la prostitución y usar como arma simbología que debiera ser respetada como propiedad del pueblo sin fisuras. Pero ¿qué se puede esperar de quien defiende alquilar vientres? Pues eso, vender a su propia madre como un gesto altruista si hace falta…

A.M

 

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