El peronista que escribió el primer libreto ideológico de Chávez

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Perfil publicado por MDZ en 2012 y recuperado a la luz de las elecciones de este domingo en Venezuela.

Carlos Alberto Montaner, el intelectual disidente del régimen cubano, reconoce, como otros autores (entre ellos Germán Carrera Damas en “El bolivarianismo – militarismo, una ideología de reemplazo” y Enrique Krauze en “El poder y el delirio”), que Hugo Chávez inició su carrera política absolutamente ajeno a las ideologías y que, con el paso del tiempo, fue alineándose con Cuba, mientras exploró diversas posibilidades de orientación.

Dice Montaner que “Fidel, rápidamente, lo esquilma y lo fecunda. Primero, lo libera de las prédicas islamo-fascistas de Norberto Ceresole, un argentino peronista que había convencido al pintoresco bolivariano de las virtudes del modelo libio y de la verdad profunda del Libro Verde atribuido a Gadafi, suma y compendio de la Tercera Teoría Universal, versión renovada y pasada por el desierto de la “tercera posición” propuesta por Juan Domingo Perón varias décadas antes”.

Ceresole murió en 2003. Se le adjudica haber sido el vínculo con el Hezbolah en Latinoamérica y quien le dio a Chávez su primer libreto, un guión que le sirvió para instalarse como caudillo y, desde ese rol, construir una base política personalista capaz de hacerle frente al desprestigio de la política venezolana.

De acuerdo con la información que profusamente se encuentra en Internet en torno a su persona, siempre con costados a favor y en contra y sin grises, estudió en Alemania, Francia e Italia antes de ser consejero a partir de 1969 hasta 1971 de Juan Velasco Alvarado quien produjo un golpe militar en Perú en 1968.

Durante los años 70 él era uno de los líderes del grupo ERP-22 un grupo que se separó del ERP para apoyar al presidente Cámpora en 1973 en Argentina. Se señala que fue forzado al exilio después del golpe militar que derrocó a Isabel Perón en 1976. Él entonces fue a España en donde hizo de portavoz de Juan Perón durante su exilio en Madrid. “Fue una de las voces principales del peronismo  y una voz influyente entre algunos grupos de oficiales militares a través de Sudamérica”, dice su biografía en la Wikipedia.

El mismo sitio indica que por unos años vivió en España hasta la rebelión para-militar de “Semana Santa” de 1987 en la Argentina contra el presidente Raúl Alfonsín donde participó como consejero de los funcionarios conducidos por Aldo Rico.

En 1984, en colaboración con el Ministerio de Defensa de España (DRISDE) editó, en cinco volúmenes, el Estudio preliminar para el desarrollo de un proyecto de cooperación industrial entre España y la Argentina en el área de la Defensa. En 1986 ese trabajo, ampliado, se reeditó en la Argentina en siete volúmenes, bajo el título: Materiales sobre economía de la defensa y política de la defensa (Buenos Aires, ILCTRI).

Tal como lo recuerda Montaner, Ceresole intentó ser el referente que, desde las sombras, manejara a Chávez y tuvo que ser el mismísimo Fidel Castro quien lo alejara de su entorno. Sin embargo, en las últimas elecciones, el propio Chávez lo recordó: “Era un buen hombre”, dijo.

Aquí, el testimonio del propio Ceresole, grabajo 25 días antes de su fallecimiento y en ocasión de la presentación de su libro “La falsificación de la realidad”:

El primer soporte de Chávez, argentino y peronista, negó siempre el Holocausto y fue colaborador del Movimiento Social republicano español, autoconsiderado como “la izquierda del nazismo”.”La historiografía seria ya admite que los muertos no llegaron a 400.000″ , dijo Ceresole en una entrevista que le dio al diario El Nacional en Caracas y generó una fuerte reacción de diversos sectores, entre ellos la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela (CAIV) que manifestó en un comunicado difundido por la prensa nacional, su repudio por las declaraciones de Norberto Ceresole, netamente antijudías y cuestionadoras de las ideas democráticas.Los “jóvenes revisionistas” recordaron así la figura de Ceresole, que admite, aun hoy, seguidores en la Argentina:Ceresole, el ideólogo, también dejó su siembra en Europa, tal como lo revela esta entrevista francesa en la que es citado en una entrevista al ultraderechista Christian Bouchet:

El argentino estuvo presente a la hora de repasar los 14 años de gestión de Chávez en la prensa internacional, como parte indivisible de su nacimiento como líder en Venezuela.

Así lo recordaba Meridiani, en Italia:

Y el Commentary de Estados Unidos, que lo presenta como “el negador argentino del Holocausto”:

El divorcio

Escribió Norberto Ceresole, una vez que se cansó de la búsqueda de un refugio ideológico por parte de Chávez. Una fuerte crítica a su opción marxista pero, centralmente, una advertencia en torno al futuro de su “nueva” ideología:

A mediados de agosto de 2001 – y desde Chile, curiosamente – el presidente Chávez decidió hacer pública su posición ideológica (“Soy un izquierdista”. “Un zurdo biológico e ideológico”, dijo, textual, urbi et orbi). Con ese paso, clarificó automáticamente su posición estratégica de cara a la totalidad de la América criolla: sus canales de acción en la región serán los que le provean los grupúsculos de la izquierda alucinada y manipulada, que ya no representan ni a nada ni a nadie en ninguno de nuestros países. Coherentemente firma la “cláusula democrática” y expande la apertura de la economía, es decir, incrementa su fondomonetarización.

Se trata de una alianza con la misma izquierda marginal que en los tiempos de la bipolaridad produjo verdaderas catástrofes en cada una de nuestras sociedades, operando conjuntamente con su enemigo aparente, el “imperialismo yanqui”, que siempre toleró al régimen castrista y otros “focos subversivos”, porque entre ellos también siempre existió un mismo cordón umbilical: los intereses del lobby judío norteamericano (hoy ese cordón de intereses compartidos está compuesto también por la legalización de las drogas, objetivo común entre la guerrilla colombiana y el Wall Street).

Obnubilado por sus fantasías ideológicas, el presidente Chávez equivocó radicalmente su rumbo estratégico: no sólo no hay una molécula de “revolución” en esa izquierda; por su historia reciente, ella representa lo mismo que su contraparte oligárquica e imperialista: sólo destrucción. Un camino equivocado es un camino sin retorno.

La de Chávez con la izquierda ya fracasada es una sociedad destinada al fracaso, en los siguientes tres sentidos:

 1. Chávez se equivoca drásticamente porque cree – o finge creer – que esos grupúsculos representan al pueblo, por el simple – aunque falso – hecho de que se autoadjudican dicha representación;

2. No advierte – o finge no advertir – que esos grupos utilizan su figura como última ratio de su estrambótica existencia;

3. Lo más grave: Chávez está legitimando el único lenguaje que esos grupos conocen y que han practicado hasta la saciedad, que es el del terrorismo. Lo que representa una carga gravísima para el futuro de Venezuela, en especial para sus fuerzas armadas.

En Santiago de Chile presenció una puesta en escena organizada por los restos de esa izquierda. Fuera de ese recinto estaba el verdadero ancho pueblo, al cual Chávez ni siquiera percibió; peor aún, lo confundió con la poesía masónica de Pablo Neruda, inpirador e inspirado por el extraordinario simbolismo del tiro en la nuca de la NKVD.

Chávez vio una “multitud” allí donde no había más que un grupo de personas ya totalmente desvinculadas de las fuerzas sociales reales, pero sobre todo de las grandes esperanzas de nuestros pueblos. Son grupúsculos desligados del “espíritu del pueblo”.

La fantasía de Chávez se convierte en espejismo, y mi proyecto original de “proyección continental” (el que desarrollé en Caudillo, Ejército, Pueblo) deviene en una burda payasada destinada a reagrupar grupúsculos cuya historia es una historia de terror disfrazada de “liberación”. Esa “liberación” que corporiza el viejo mito del “éxodo” de Israel, y que termina en el asesinato público y colectivo de la verdadera “gente de la tierra”: hoy Palestina, mañana nosotros mismos.

 Es probable que la incultura marxistoide de Chávez (apoyada en una DISIP aún al mando del Mossad) le imposibilite descubrir estos vínculos profundos (simultáneamente teológicos, filosóficos, políticos y estratégicos) que nacen con la Modernidad Iluminista.

Que nacen, por ejemplo, con el “indigenismo” de Menahen Ben Israel, socio de Olivier Cromwell (el verdugo de Irlanda, o el demiurgo del progreso, según se lo mire) y autor del opúsculo “La Esperanza de Israel” (1650), quien fue el primero en reconocer, en los indígenas de América, desde Amsterdam, a la “tribu perdida”, la decimotercera tribu de Israel.

Eso es posible, de hecho hay en el Presidente un problema de in-conocimientos, pero lo cierto es que Chávez está cometiendo una verdadera estafa de cara al público. Señala en una dirección y dice: “Allí están nuestros amigos”; señala en la dirección contraria y exclama: “Allí están nuestros enemigos”. Pero el hecho es que ni los unos ni los otros están allí donde él dice que están. Ambos están en otro lado. Esto quiere decir que existe una falta total y absoluta de Inteligencia Estratégica. Algo peor aún: una perversión, un strip tease de esa Inteligencia.

Mi posición hoy es la misma que la del primer día en que conocí al comandante Chávez, que se acercó a mí travestido de militar nacionalista y, sobre todo, populista. Esta posición (y, entre otras cosas, mi definición de populismo) está reflejada, hasta el más mínimo detalle en el presente libro.

Chávez no comprendió nunca el sentido de mi lucha. En los últimos tiempos él impidió que se lo pueda repetir cara a cara. Por lo tanto se lo volveré a decir, ahora públicamente, con palabras de Ernst Jünger: “Cuando los seres humanos combaten en niveles espirituales incorporan la muerte a su estrategia. Adquieren así una especie de invulnerabilidad; de ahí que los asuste poco el pensamiento de que el enemigo procura privarles del cuerpo… El enemigo intuye esto a su manera obtusa, y de ahí su cólera terrible, devastadora, en los sitios donde sale al encuentro el espíritu auténtico” (Radiaciones, Diario de la Segunda Guerra Mundial, Vol. 1). Lo de Chávez es, en definitiva, una auténtica rendición.

“Toda rendición de armas es también un acto irreparable, que afecta la fuerza primordial del combatiente” (Jünger, op. cit.).

El ideólogo multiple choice

Montonero, caudillista, carapintada, seneildinista, nacionalista en todos los casos, antisemita, impulsor de un “nazismo de izquierda” en su peor faceta, Ceresole saltó a la historia como el primero que le ofreció al militar venezolano Chávez un soporte ideológico para su entente que se transformó, luego, en “revolución”, para pasarse al “socialismo del siglo XXI” una vez que el argentino conspirador fue expulsado de Venezuela.

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